Elige una barra de tensión cuyo rango de ajuste cubra cómodamente el ancho interior, sin quedar al límite. Prefiere acero o aluminio con puntas de goma antideslizante y verifica la carga recomendada del fabricante. Una regla práctica: telas livianas, diámetros menores; telas densas, tubo más robusto para repartir esfuerzos y evitar pandeos o vibraciones.
Considera el gramaje y la caída: visillos alrededor de 80–120 g/m² funcionan perfecto; mezclas de lino o poliéster medio exigen más agarre; blackout pesado necesita refuerzo y menos fruncido. Distribuye el tejido en tramos iguales, evitando acumular peso en un extremo, y regula el dobladillo para que roce apenas el suelo sin arrastrar.
Coloca la barra de tensión lo más alto posible dentro del vano para alargar visualmente la pared, respetando siempre el apoyo firme de las puntas. Si hay cortinero interno, simula altura con dobladillo superior generoso. Este truco eleva la mirada, reduce el desorden y mejora la sensación de amplitud en espacios compactos.
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